🚫 Guerra abierta por la prohibición del burka
Además: La izquierda entra en pánico y el Benidorm Fest ya tiene ganador.
Madrid | Número 23
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Fashion police
🧕 La cruzada europea contra el burka (y el niqab) llega a España
La pelea por el burka y el niqab acaba de aterrizar en España. El debate sobre las prendas que llevan algunas mujeres musulmanas y que cubren (respectivamente) todo el rostro o todo salvo los ojos lleva años agitándose por Europa, pero el clima político actual en España hacía inevitable que, bueno, este fuera el momento de irrumpir en escena, húmedo, confuso y gritando como un recién nacido.
El detonante, claro, fue Vox. El partido llevó esta semana al Congreso una proposición de ley presentada como una medida para “la protección de la dignidad de las mujeres” y la “seguridad ciudadana”, con un preámbulo que advierte sombríamente sobre la “llegada masiva” procedente de países con “fuerte influencia islamista” y la supuesta “normalización” de la circulación de personas “con el rostro cubierto”.
¿Y qué plantea exactamente? Bastante cosa. El texto propone (1) multas por llevar niqab o burka en espacios públicos — a partir de unos €600 y escalando, en caso de reincidencia, hasta los €30.000 —; (2) penas de prisión para quien “imponga” la prenda mediante coacción (hasta tres años, más si la víctima es menor o vulnerable); y (3) cambios legales para facilitar la expulsión de extranjeros en caso de determinadas infracciones “muy graves”.
¿Y por qué el PP lo apoyó? Y no tímidamente, sino con entusiasmo. Porque el PP necesita a Vox como socio en Extremadura y Aragón — y, más en general, necesita mantener viable la aritmética de coalición de cara a las elecciones de Castilla y León del 15 de marzo. El burka es uno de esos temas en los que la derecha puede coincidir sin tener que hablar de clima, Europa o lo que sea que Vox esté incendiando esta semana.
El razonamiento clásico a favor de una prohibición tiene dos patas. Una es la seguridad y la identificación: el Estado no puede identificarte si no puede verte la cara. La otra es la igualdad de género: el velo integral se presenta como símbolo de coacción y borrado de la identidad femenina, sobre todo cuando se lleva bajo presión familiar o comunitaria. Vox apoya ambas líneas, aderezadas con un lenguaje “civilizatorio” que deja claro que no es, digamos, especialmente pro-musulmán.
Ese tono cultural es, precisamente, una de las razones por las que el resto votó en contra. Resultado: Vox y el PP (más un pequeño aliado) quedaron en minoría. La propuesta fue rechazada por 177 votos frente a 170, con una abstención.
La posición del PSOE fue básicamente: “Buen intento, pero no.” Los socialistas argumentaron que el texto choca con protecciones constitucionales — especialmente la libertad religiosa y la no discriminación — y que, además, está diseñado para alimentar una narrativa xenófoba más que para resolver un problema real (el número de mujeres que llevan niqab o burka en España es reducido).
Junts, por su parte, rechazó la iniciativa con su habitual combinación de izquierda y derecha: no al burka… pero aún más no a Vox. Insistieron en que “nunca” apoyarán al partido por ser “anticatalán” y políticamente tóxico.
Pero, pero, pero… no es tan blanco o negro. Porque todos los partidos tienen incentivos para al menos coquetear con algún tipo de restricción, ya sea por presión social o por competencia electoral.
De hecho, Junts presentó su propio proyecto de prohibición. Su texto veta prendas que “cubran total o sustancialmente” el rostro en espacios públicos, con algunas excepciones. ¿La diferencia? Delegar las competencias sobre “seguridad e identificación” en la Generalitat, reforzando así su control sobre la política migratoria (separatistas 🤷). Además, Junts compite por su flanco derecho con Aliança Catalana, que juega abiertamente la carta identitaria.
Incluso dentro del universo PSOE se oyeron engranajes girando. El alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, dijo que el burka debería “regularse” y lo calificó de negación de la identidad femenina — aunque advirtió que una prohibición total podría ser contraproducente si acaba expulsando a mujeres del espacio público.
De hecho, justo después de tumbar la propuesta de Vox por “racista” y por criminalizar a quienes son diferentes, el portavoz socialista Patxi López elogió la iniciativa de Junts porque “no ha comprado el marco de la extrema derecha” y dijo que el PSOE la “estudiaría” y para “abrir ese debate”.
Y ahí llegamos al final incómodo. Algún tipo de restricción parece inevitable. No necesariamente la versión de guerra cultural de Vox — pero algo. La ansiedad migratoria (justificada o no) se ha intensificado en España en los últimos meses, y se disparó aún más tras el lanzamiento del proceso extraordinario de regularización para quienes acrediten residencia antes del 31 de diciembre de 2025 (solicitudes entre abril y junio de 2026). La derecha ha difundido una narrativa casi cinematográfica sobre multitudes esperando ante consulados marroquíes y pakistaníes, supuestamente falsificando documentos.
Y, crucialmente, España no está inventando el debate. En gran parte de Europa ya existen prohibiciones totales o parciales del velo integral — Francia fue pionera en 2010, seguida, en distintas modalidades, por Bélgica, Austria, Dinamarca, Países Bajos, Alemania, Bulgaria, Portugal y otros.
Que España se sume a la lista parece, más que nada, cuestión de tiempo.
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💬 Cinco temas para debatir con amigos
1. 🔴 La izquierda intenta unirse mientras Vox sigue subiendo
Cambio de look (muy) moderado. La izquierda no-PSOE vuelve a intentar lo de siempre: unirse para no volverse irrelevante mientras la derecha — y especialmente la extrema derecha — sigue escalando en las encuestas. El reciente batacazo en Aragón — donde el PSOE se desplomó, el PP se estancó y Vox saltó del 11% al 18%, duplicando escaños — fue un aviso en toda regla.
La lectura para la izquierda es dura. La derecha tradicional aguanta, la radical tiene impulso, el PSOE cayó por un precipicio y la izquierda a su izquierda aparece fragmentada y agotada.
Advertencia. La semana pasada, Gabriel Rufián, diputado de ERC, lanzó una de sus advertencias más directas: “O hablamos entre nosotros o nos vamos al carajo” (ver vídeo arriba).
Rufián — elocuente, hiperconectado y siempre dispuesto a trolear a quien sea — sostuvo que las fuerzas a la izquierda del PSOE no pueden permitirse guerras internas. Lo que viene, dijo, no es política convencional, sino una versión europea del deslizamiento autoritario que ya se ha visto en Estados Unidos.
Un nuevo lema que memorizar. Varios partidos están impulsando ahora una alianza bajo el eslogan Un paso al frente. La respaldan Izquierda Unida, Más Madrid, Comunes y Movimiento Sumar.
El objetivo es reconstruir un frente progresista amplio antes de las próximas generales y frenar a Vox.
Pero también huele a nerviosismo. Son conscientes de que están perdiendo terreno no solo electoralmente, sino emocionalmente. Cada vez menos votantes se entusiasman con ellos, mientras la derecha monopoliza la energía.
Ahí está Yolanda Díaz, vicepresidenta segunda y fundadora de Sumar (una plataforma vagamente izquierdista con forma un poco de nube de azúcar). Sigue siendo la figura más conocida a la izquierda del PSOE. Pero es socia minoritaria en un gobierno socialista desgastado y su liderazgo empieza a cuestionarse tras malos resultados y caída en popularidad.
Organizar la unidad no está siendo sencillo. Este sábado se celebra en Madrid un gran acto pensado para escenificar cohesión. Pero Díaz no asistirá, lo que ha disparado las especulaciones sobre si quiere repetir como candidata.
Podemos tampoco irá. Los partidos nacionalistas y separatistas tampoco se suman a la foto. Y dentro de Sumar reina la incertidumbre: ¿nuevo nombre? ¿nueva marca? El proyecto carece de programa claro y no tiene un relevo evidente a Díaz.
Mientras tanto, la charla pública de Rufián con Emilio Delgado, de Más Madrid, generó ruido mediático. Pero sin respaldo formal de sus partidos, parece más un síntoma del vacío que una estrategia concreta.
Todo esto ocurre bajo la sombra implacable de las encuestas. La izquierda sabe que no atraviesa su mejor momento: votantes desmotivados, líderes que han quemado capital político a gran velocidad y un Vox que crece alimentándose del malestar rural, económico y cultural.
Pedro, no. Y un detalle importante: muchos en la izquierda no quieren que esta reorganización quede ligada a Pedro Sánchez. Una encuesta reciente de El Español sugiere que su impopularidad podría arrastrar al bloque progresista hacia su peor resultado en décadas.
El CIS, el instituto demoscópico público, ofrece una imagen más optimista para el PSOE. Aunque también lo dirige un exmiembro de la ejecutiva socialista cuyas previsiones favorables han fallado tantas veces que ya parecen más un ejercicio de deseo que de análisis.
2. 💣 El número dos de la Policía dimite tras una grave acusación de violación








